Ayer se celebró el Domingo de la Restitución en todos los Centros de Ayuda Cristiano, una mañana en la que se oró por la cura interior, la reconstrucción familiar y la providencia material, con la consagración de los diezmistas. Pero, además, se transmitió de forma clara y sencilla qué debe hacer cada persona para experimentar una transformación radical de vida, especialmente durante la actual Hoguera Santa en el monte Sión, centrada principalmente en la búsqueda del sello del Espíritu Santo.
Como cada domingo, los asistentes pudieron conocer un impactante testimonio de transformación. En esta ocasión fue el de Danilo, un hombre que vivió dieciocho años en la calle debido a una adicción que, lejos de controlar, terminó dominando su vida.
Después de todo ese tiempo, llegó a la iglesia gracias a las oraciones de su madre y de su hija pequeña, que asistía a la Escuela Bíblica Infantil (EBI). La Palabra de Dios lo convenció no solo de su pecado, sino también de que su vida podía cambiar si la ponía en el Altar. Tras entregarse por completo en las manos de Dios, hoy Danilo no es ni la sombra de lo que fue. Ha sido completamente liberado de su adicción, ha recuperado su dignidad y la unión con su familia. Sin embargo, la transformación más importante ocurrió en su interior, cuando recibió el Espíritu Santo.
Depende de ti
Tomando como ejemplo la experiencia de Danilo, el obispo Joaquim quiso ayudar a los presentes a comprender una importante verdad de la Palabra de Dios.
«El cambio de Danilo no dependía de Dios, sino de él mismo. Dios estaba esperando a que él tomara una decisión, porque nuestra vida es el resultado de nuestras decisiones».
El obispo explicó que Dios es el combustible que nos impulsa, pero no puede hacer por nosotros la parte que nos corresponde. En Joel 2:12-14 vemos cómo Dios alerta a Su pueblo y lo llama a volver a Él. Quería sacarlo de aquella situación, pero la decisión final dependía del propio pueblo.
«Aun ahora —declara el Señor—
volved a mí de todo corazón,
con ayuno, llanto y lamento.
Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos;
volved al Señor vuestro Dios,
porque Él es compasivo y clemente,
lento para la ira, abundante en misericordia,
y se arrepiente de infligir el mal.
¿Quién sabe si volverá y se apiadará,
y dejará tras sí bendición,
es decir, ofrenda de cereal y libación
para el Señor vuestro Dios?»
Por eso, el obispo concluyó que «el milagro empieza en nosotros». Es decir, cuando una persona hace su parte, Dios hace la Suya.
Explicó que muchas personas dicen erróneamente: «Si Dios hace esto en mi vida, entonces me entregaré». Sin embargo, puso ejemplos sencillos para mostrar que, en cualquier ámbito de la vida, el primer paso siempre nos corresponde a nosotros: trabajamos primero para recibir el salario o pagamos el billete antes de viajar.

Por eso afirmó:
«Si yo hago, Dios hace; si yo doy, recibo; si yo subo a Sión, Dios me responde».
Entre los diversos pasajes bíblicos mencionados, destacó especialmente 2 Crónicas 7:14:
«Y si se humilla mi pueblo, sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra».
Finalmente, el obispo concluyó:
«Aquí queda bien claro que el cambio empieza con nosotros. Ese es el secreto».
Tras el mensaje, realizó una oración por todos aquellos que decidieron dar el primer paso para provocar ese cambio en sus vidas.










