“En las reuniones gritaba: ‘¡Mentirosos! ¡Dios no me puede ayudar porque no existe!’”
Lo que empezó siendo una simple cerveza que le ayudaría [...]
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Cuando Eddy cayó en una profunda depresión, hacía tiempo que [...]
Cuando llegó al Centro de Ayuda Cristiano, Francisco estaba viviendo [...]
Los problemas sentimentales afectaron mucho a Marlene interiormente y terminaron [...]
Cynthia se envenenaba mientras deseaba la muerte de aquellos que [...]
Con solo 13 años, Valentina se encontró sola, sin protección, [...]
José, que aunque creció odiando a su padre, parecía seguir sus mismos pasos.
Silvia cuenta cómo su familia pasó de estar dividida a ser unida y restaurada a través de la fe y la oración.
Dios ha suplido todas mis necesidades desde que me entregué a Él y recibí el Espíritu Santo.
La decadencia de Abel empezó como la de cualquier otro joven pandillero que no encuentra en su propio hogar un referente ni un espacio donde ser amado. Fue este vacío el que le condujo a buscar fuera de casa la sensación de pertenencia a una familia, aunque fuera a costa de vender su propia alma. Ahora, fuera del mundo de la delincuencia y tras superar todos sus conflictos y carencias, es un joven feliz, con sueños y proyectos, que además disfruta de una familia reconstruida.