“La religión no pudo sanar mi dolor”

Rosa creció en La Coruña, en el seno de una familia que se consideraba religiosa según la tradición. Ella también asumió esa creencia, sin cuestionarla, aunque su vida fue un ‘infierno’. No sabía que Dios no se encontraba en la religión, sino en la entrega de la propia alma. Ahora, tras haber sido restaurada desde lo más profundo de su interior, lo que más desea es que otros conozcan que existe una salida a los problemas.
 

“Crecí creyendo que nuestra religión era la única forma de acercarse a Dios. Aun así, solo pisaba la iglesia en bodas, bautizos o entierros… Transitaba esa religiosidad sin hacerme preguntas”, recuerda.
 

Desde los 9 años su vida fue un tormento: “Sufrí repetidos abusos por parte de familiares. Eso me llevó a la depresión y a pensar en el suicidio desde niña. Me sentía desprotegida, sin amorEl dolor interno era brutal y pensé que la única manera de tener paz era la muerte. Casi pierdo la vida en uno de mis intentos… pero ahora sé que el suicidio no es la salida, afirma segura. 

El desamparo y la soledad la llevaron a buscar el cariño y la protección en sus relaciones, pero siempre terminaban en decepción. “Tuve muchas parejas, pero todo se resumía en traición y desilusión. Quería llenar mi vacío, pero siempre pensé que nadie me iba a querer de verdad”, confiesa.   

Intentó ser feliz a toda costa, incluso llegó a casarse y se mudó a Madrid, pero el cambio no trajo nada bueno. “Mi vida seguía siendo un caos: maltrato, traición, divorcio, conflictos en los trabajos, pensamientos negativos … Busqué ayuda en una iglesia, pero no hubo cambios… Hasta que un día, destrozada, hablé directamente con Dios. No sabía orar, pero le pedí sinceramente que me mostrara cómo encontrarlo, porque estaba cansada de las religiones.” 
 

Días después recibió una invitación para el Centro de Ayuda Cristiano. “Pensé que venía a por alimentos, pero recibí un alimento mayor: la Palabra de Dios. Aquí entendí el origen de mi sufrimiento y, sobre todo, cómo tener un encuentro personal con Él. Me bauticé en las aguas, me liberé de todos los males espirituales, y cuando comprendí que el Espíritu Santo era el propio Dios en mí, me entregué por completo. Solo Dios y yo. Ahora soy feliz porque conocí personalmente al amor de mi vida, el Señor Jesús, quien borró mi pasado y me dio una nueva vida que disfruto al máximo.” 

Rosa Sambad 

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