
Ayer fue Domingo de Ramos, un día que se vivió con la fe, la pasión y la devoción que merece, ya que marca el inicio de la Semana Santa y antecede a uno de los momentos más importantes del año: el Viernes Santo.
Fue una jornada de doble celebración, especialmente en la sede del Centro de Ayuda Cristiano en Madrid, donde se han finalizado las obras de mejora del Altar. Gracias a ello, se ha podido ampliar el aforo, que había permanecido limitado durante los últimos meses.
Quienes acudieron pudieron comprender la misión del Señor Jesucristo en la cruz, recibirlo triunfalmente en sus vidas y participar en la oración por las familias y por la sanidad física y espiritual. Sin duda, fue un día glorioso para todos aquellos que decidieron buscar al Señor de todo corazón.
Reconciliarse significa acercarse
El apóstol Pablo explicó claramente el propósito del sacrificio del Señor Jesús en su epístola a los Colosenses:

“y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz; por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos. Y aunque vosotros antes estabais alejados y erais de ánimo hostil, ocupados en malas obras.” (Colosenses 1:20-21)
Jesús vino a ofrecer al ser humano la oportunidad de reconciliarse con Dios. Reconciliarse significa acercarse. Es decir, Jesús vino a acercar al hombre a Dios, ya que el diablo había creado un abismo entre ambos a través del pecado.
“Dios quiere que todas las personas se reconcilien y se acerquen a Él, pero esa reconciliación solo puede tener lugar en la vida de quienes creen en Jesucristo”, enseñó el obispo en Madrid.
El obispo Joaquim también reiteró que estar en la iglesia no significa necesariamente estar cerca de Dios, pues Él solo puede estar con quienes están con Él; y estar con Él implica obedecer Su Palabra. Sin embargo, hay muchos que asisten a la iglesia pero viven en el pecado, y el pecado los aparta de Dios. “Cuanto más lejos de Dios, más cerca del sufrimiento”, afirmó el obispo Joaquim.
Debemos cargar la cruz, no la rama
El obispo también invitó a los presentes a reflexionar sobre la sinceridad de su fe, ya que, lamentablemente, muchos que vitoreaban y alababan al Señor Jesús mientras extendían sus ramos y mantos a su entrada en Jerusalén, pocos días después pedían su crucifixión.
“De nada sirve alabar a Dios un día, porque es una fecha especial, y rechazarlo el resto del año a través de nuestras actitudes. Debemos cargar la cruz, no la rama”, aseveró.
Todos los que quisieron reconciliarse con Dios pudieron hacerlo mediante una oración sincera frente al altar, preparando así su interior para el Viernes Santo a las 3 de la tarde.
Todavía estás a tiempo de decidir participar este Viernes Santo por una transformación interior y familiar. Encuentra aquí tu Centro de Ayuda Cristiano y vive la Semana Santa más importante de tu vida.


