Santo Culto: El hermano del hijo pródigo

El pasado 18 de enero, el Centro de Ayuda Cristiano celebró en toda España el domingo del fin de los malos pensamientos, una jornada especial dedicada a la liberación emocional y espiritual a través de la fe.

En la sede de Madrid, el obispo Joaquim dio inicio a la reunión dirigiéndose a todas aquellas personas que se han visto afectadas por pensamientos negativos, pesimistas y de desesperanza.

“La Biblia dice que los malos pensamientos salen del corazón (Mateo 15:19); por eso vamos a pedir a Dios que sane su corazón”, enseñó el obispo antes de orar.

Tras la oración, muchos de los presentes testificaron haber recibido paz y quietud en su mente, y aprendieron a sustituir los malos pensamientos por pensamientos buenos que provienen de la Palabra de Dios.


La historia del hermano del hijo pródigo

La mayoría conoce la parábola del hijo pródigo: el hijo que pidió su parte de la herencia y la malgastó de manera irresponsable. Cuando tocó fondo, regresó a casa y fue recibido con alegría por su padre.

Sin embargo, hubo alguien que no compartió esa alegría: su hermano. Fue precisamente sobre este personaje que reflexionó el obispo Joaquim durante la meditación.

“El hermano nunca se fue de la casa de su padre; sin embargo, estaba perdido. Así hay muchos que están en la casa del Padre, en la iglesia, pero están perdidos porque han permitido que sentimientos de rencor entren en su corazón”, afirmó.

La Biblia relata que, al regresar el hijo pródigo, el padre le dio ropas nuevas, un anillo y mandó matar un becerro engordado para celebrar su regreso. El hermano mayor, al enterarse de que la celebración era por él, se enfureció, se negó a entrar en casa y reclamó a su padre:

“Mira, por tantos años te he servido y nunca he desobedecido ninguna orden tuya, y sin embargo nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos; pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, mataste para él el becerro engordado”
(Lucas 15:29-31)


El resentimiento nos aleja de Dios

En realidad, aquel hermano lo tenía todo. Si hubiera querido matar un cabrito o un becerro, podría haberlo hecho en cualquier momento. El verdadero problema era el resentimiento que guardaba en su corazón hacia su hermano pródigo.

“Hay mucha gente que está en la iglesia, pero está lejos de Dios porque alberga sentimientos de rencor, odio o resentimiento hacia alguien. Y lo peor es que nadie puede entrar en el Reino de los Cielos con el corazón así”, alertó el obispo.

Y añadió una enseñanza clave:

“Cuando sale el resentimiento, entra la paz. Si queremos ser perdonados por Dios, tenemos que perdonar”.


El perdón es una decisión

Muchos se preguntan: “¿Cómo voy a perdonar lo que me hicieron?”. Nadie dijo que fuera fácil. Sin embargo, Jesús nos dejó el mayor ejemplo cuando dijo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. (Mateo 11:29)

Jesús fue humillado, maltratado, insultado y encarcelado injustamente. Aun así, en la cruz pronunció estas palabras: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34)

Por eso, aprender a perdonar y pedir perdón con humildad es fundamental. Al hacerlo, somos exaltados por Dios y recibimos la paz que confirma que nuestro corazón está limpio y preparado para recibir el Espíritu Santo.

“Solo necesita tomar la decisión: decidir perdonar, decidir pedir perdón”, concluyó el obispo antes de orar por todos los presentes.

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