Un Santo Culto transformador tuvo lugar el pasado domingo en la sede del Centro de Ayuda Cristiano, al que acudieron cientos de personas con sed de escuchar la Palabra de Dios. Fue el Domingo del Reencuentro, una oportunidad para volver a la intimidad con Dios por medio del perdón y de la Santa Cena de la Reconciliación.
“Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).
El corazón es el alma, y es lo que Dios desea de cada uno de nosotros. Sin embargo, Él no puede aceptar corazones que se encuentren manchados por el odio, el rencor o los resentimientos.
Como dice la Palabra de Dios, quien desea ver a Dios debe tener el corazón limpio. “Estar en la iglesia no es suficiente”, recalcó el obispo, lamentando que dentro de la iglesia existan muchas personas que guardan resentimientos y, por ello, están lejos de Dios.
El testimonio de Ladislao abrió los ojos de muchos. Llevaba mucho tiempo en la iglesia, y por ser un voluntario activo, pensó que estaba bien con Dios, pero nada más lejos de la realidad. Cometió un pecado, y al ser advertido por el pastor de su iglesia, en lugar de aceptar la reprensión salió de allí con el corazón lleno de rencor. Esta fue la antesala de un infierno personal, «todo se destruyó. Perdí mi matrimonio, mi negocio, mi coche…», confesó. Un día entendió que necesitaba perdonar y cuando lo hizo sintió como un peso salía de sus hombros. «Volví a la presencia de Dios y Él restauró toda mi vida», aseguró delante de todos.

Y es que, quien odia, en realidad, solo se hace daño a sí mismo. Por eso, perdonar es una actitud inteligente que, además de agradar a Dios, nos quita un peso de encima; porque al perdonar, estamos siendo perdonados.
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15).
Muchos dicen que perdonar no es fácil, pero es posible cuando uno toma la decisión. “Es querer. Cuando uno quiere nada es difícil. Es querer limpiar el corazón y hacer la voluntad de Dios”, aseveró el obispo antes de invitar a todos a participar en la Santa Cena de la Reconciliación.
Tras este momento tan sagrado como sublime, se procedió a realizar la consagración de un grupo muy especial dentro de la iglesia, el grupo de evangelistas o ganadores de almas, que a diario llevan un mensaje de esperanza a todos los que sufren. Con esta unción, estos siervos estarán más capacitados para salvar muchas más almas para el Señor Jesús.
Si deseas volverte a Dios y tener un encuentro verdadero con Él, ¡no esperes más! No importa tu pasado, el Señor Jesús te espera con los brazos abiertos dispuesto a perdonarte y a restaurar tu vida.



