Santo Culto: «¿Por qué mi vida no avanza?»

Ayer, 1 de marzo, se celebró el Domingo del Encuentro con Dios en todas las iglesias del Centro de Ayuda Cristiano. Fue un día en el que miles de personas en toda España pudieron vivir una experiencia personal y transformadora con el Espíritu Santo.

En Madrid, el obispo Joaquim abordó un tema de gran importancia, especialmente para quienes, a pesar de asistir semanalmente a la iglesia, no ven avances en sus vidas. 

 

Sin arrepentimiento no puede haber una nueva vida

El obispo fue muy claro: “Si su vida está estancada, debe examinarse a sí mismo y comprobar si realmente ha experimentado un verdadero arrepentimiento, porque sin un arrepentimiento sincero, el bautismo en las aguas no sirve de nada, afirmó, mientras enseñaba los principios básicos para que Dios pueda comenzar a transformar la vida de una persona. 

También recordó que el remordimiento no es lo mismo que el arrepentimiento. El remordimiento es solo un sentimiento pasajero de pesar, mientras que el arrepentimiento lleva a la persona a odiar el pecado y apartarse de todo lo que lo rodea. “Desafortunadamente, muchos dicen haberse arrepentido, pero siguen frecuentando los mismos lugares y relacionándose con las mismas personas que los llevaban a pecar…”, añadió.

 

El bautismo es un sepultamiento

Muchos han pasado por las aguas, pero ese bautismo no ha dado fruto porque su vieja naturaleza no estaba muerta. El obispo explicó que “el bautismo es un sepultamiento, pero solo se puede sepultar a alguien que ya está muerto”. El arrepentimiento representa esa muerte. 

 

¿Qué hacer para alcanzar el verdadero arrepentimiento? 

Para no dejar lugar a dudas, el obispo Joaquim reiteró los pasos que se deben seguir para experimentar una verdadera transformación, que comienza en el interior: 

  1. Examinarse a sí mismo y reconocer los propios pecados.
  2. Confesar los pecados y abandonarlos.
  3. Entregarse a Dios al 100 %.
  4. Buscar el nuevo nacimiento. 

 El obispo también aclaró que todos somos pecadores, pero existe una diferencia entre ser pecador y vivir deliberadamente en el pecado. 

Antes de realizar la oración por todos aquellos que reconocían su pecado y deseaban morir a la carne —paso previo al bautismo en las aguas—, el obispo quiso hacer comprender a los presentes que las profecías se están cumpliendo y que ahora, más que nunca, es necesario buscar la salvación del alma como máxima prioridad. 

«Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.» Juan 3:3

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