El pasado domingo, el Centro de Ayuda Cristiano dio inicio al primer Santo Culto del mes de febrero con el clamor para curar nuestra tierra, la oración por la reconstrucción familiar y un mensaje que abrió los ojos espirituales tanto de antiguos como de nuevos en la fe.
Existe algo que ha perjudicado la vida espiritual de muchos de forma muy sutil. De hecho, no se habla mucho de ello, pero tiene un gran peso: la murmuración. Es como un virus, altamente contagioso y que, en muchas ocasiones, puede resultar letal en el sentido espiritual.
El obispo aclaró que casi todos tenemos la mala costumbre de murmurar, pero el Señor Jesús es muy claro al respecto:
“No murmuréis entre vosotros” (Juan 6:43)
La murmuración es pecado y atrasa la vida de las personas. Un claro ejemplo es el pueblo de Israel: Dios los sacó de Egipto, pero por murmurar, permanecieron años vagando por el desierto, donde muchos perecieron sin llegar a la Tierra Prometida.
“Que la murmuración no le impida llegar a la Tierra Prometida (la salvación). Si anda con gente que murmura, lo terminará haciendo usted, porque es contagiosa. Afortunadamente, la Biblia nos muestra tanto el problema como la solución”, enseñó el obispo al pueblo reunido en Atocha.

En Filipenses 2:14 encontramos otra clara orden contra la murmuración:
“Haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.”
La Palabra de Dios es muy clara al respecto. Vivimos en una generación perdida y perversa, pero cuando hacemos las cosas sin murmurar, nadie puede señalarnos. Somos irrepresensibles, hijos de Dios y brillamos con luz propia en medio de las tinieblas.
Para muchos, declaraba el obispo, venir a la iglesia está siendo en vano porque salen de la iglesia murmurando. “Yo quiero que vengan, pero les soy sincero: de nada sirve su asistencia a la iglesia si sale de aquí murmurando. Y si lo piensa, aunque no lo diga, también, pues Dios ve el corazón”, alertó.
Es difícil vivir en este mundo sin murmurar porque nacemos con esa tendencia, pero el Espíritu Santo nos capacita. Por eso, la próxima vez que tengas ganas de quejarte, di “Dios es conmigo”.
La orden es no murmurar, así que vamos a obedecer.
Si deseas que tu vida dé un giro de 180 grados, vuélvete a Dios. Sé nuestro invitado especial el próximo domingo 8 de febrero en el que tomaremos la Santa Cena: una oportunidad única para acercarte a Dios y dejar atrás todo el pasado. Encuentra aquí tu iglesia del Centro de Ayuda Cristiano más cercano.


