Cuando conoció el Centro de Ayuda Cristiano, Rafaela pensaba que solo iba para recibir una bolsa de alimentos que le ayudaría a salir adelante en la difícil etapa que estaba atravesando. Sin embargo, terminó recibiendo un alimento superior que alimentó hasta lo profundo de su alma y que cambió su vida por completo.
“Me casé con la esperanza de ser feliz, pero felices solo fueron los dos primeros años. Fueron casi 27 años de sufrimiento y tristeza, metida en un pozo del que pensé que nunca iba a salir. Luchaba, pero nunca llegaba a ver la luz”, reconoce la mujer, que durante años tuvo que enfrentar serios problemas debido al abuso de alcohol y drogas por parte de su pareja.
Cuando su matrimonio llegó a su fin, sus problemas no desaparecieron. Interiormente se sentía devastada y sin ganas de nada. “Tenía mucha depresión, era como si viviera en la oscuridad. Vivía siempre enferma y en soledad. Nadie me escuchaba; me sentía incomprendida.”
Las tinieblas se convirtieron en luz cuando, invitada por un familiar, asistió por primera vez al Centro de Ayuda Cristiano. “Fui a por una bolsa de alimentos, pero decidí quedarme en la reunión y me gustó mucho escuchar la Palabra de Dios. Seguí asistiendo y poco a poco fui viendo la luz”, asegura. Después de completar varias cadenas de oración, asegura verse libre de la depresión y del dolor del pasado.
Recibió el Espíritu Santo y, desde entonces, su vida nunca ha vuelto a ser la misma. Siente que su vida apenas ha comenzado. “Dios ha hecho nuevas todas las cosas. Me volví a casar y soy muy feliz. Todo lo que no viví antes lo estoy viviendo ahora. Es una nueva vida desde dentro.”
Rafaela Heredia


