El pasado domingo se celebró un Santo Culto especial bajo el lema “El día del rescate”, un encuentro en el que muchas personas que se encontraban alejadas de la fe regresaron a la presencia de Dios mediante una humilde oración que les renovó las fuerzas espirituales para seguir luchando.
Y, tal como afirmó el obispo Joaquim en Madrid, “Pentecostés no ha terminado aún”, por lo que la reunión continuó con la búsqueda del Espíritu Santo tras una meditación bíblica presentada como una seria advertencia espiritual.
¡Cuidado con las distracciones!
La Biblia relata que, en tiempos del profeta Joel, el país se encontraba devastado y en ruinas. Los habitantes vivían centrados en el placer y la diversión, sin darse cuenta de que aquella destrucción material era consecuencia de una destrucción espiritual provocada por las distracciones. Por eso, el profeta les advirtió con firmeza:
“Despertad, borrachos, y llorad, y gemid todos los que bebéis vino, a causa del vino dulce que os es quitado de la boca”.
Joel 1:5
Tras explicar el contexto bíblico, el obispo destacó:
“El diablo no necesita destruirte; necesita distraerte”.
A continuación, explicó que, en nuestros días, el diablo actúa a través de múltiples distracciones sutiles que llevan a muchos cristianos a perder de vista lo más importante: su vida espiritual. Entre ellas señaló las redes sociales como una de las mayores distracciones de nuestro tiempo, aunque no la única.
«Mucha gente se queja de que no tienen tiempo, pero ahora tenemos las mismas 24 horas de siempre, el problema es que ahora nuestra mente está continuamente conectada con el mundo. Sin embargo, para muchos, cinco minutos leyendo la Biblia es una eternidad…Cuidado, no podemos perder el foco», alertó el obispo.
Del mismo modo que una pequeña distracción al volante puede costarnos la vida, las distracciones que nos apartan de nuestro verdadero objetivo —el Reino de los Cielos— también pueden costarnos el alma.
Tras este mensaje de alerta, el obispo invitó a todos los presentes a buscar con determinación el Espíritu Santo mediante una oración sincera de entrega y una alabanza consciente.



