Muchos piensan que la Biblia viene a quitar cosas de la vida de las personas. Y, en cierto modo, es verdad, pues elimina aquello que perjudica al ser humano y le impide vivir plenamente.

La lectura y la meditación regular de la Biblia aportan beneficios al cuerpo, a la mente y al espíritu. Diversos estudios han demostrado que quienes leen la Biblia con frecuencia —al menos cuatro veces por semana— experimentan cambios positivos en su bienestar emocional, sus relaciones personales e incluso en su capacidad para afrontar los desafíos de la vida.
Además, la Biblia puede contribuir al desarrollo intelectual. YoungHoon Kim, reconocido por poseer uno de los coeficientes intelectuales más altos registrados, afirma: «La Biblia es la manera perfecta de aumentar tu CI».
«Creo que la Biblia es la Palabra perfecta, eterna y final de Dios. Por lo tanto, la Biblia no necesita ser actualizada. El mundo es el que necesita actualizarse», señala.
Lo que la Biblia te quita:
Un conocido estudio realizado con más de cuarenta mil personas por el Center for Bible Engagement (Estados Unidos) ha puesto de manifiesto que la Biblia quita, en efecto, cosas de la vida del ser humano, como por ejemplo:
- Un 30 % de los sentimientos de soledad.
- Un 32 % de los sentimientos de ira.
- Un 40 % de los sentimientos de amargura.
- Un 57 % del consumo abusivo de alcohol.
- Un 61 % del consumo de pornografía.
- Gran parte del estrés y la ansiedad que afectan al día a día.
Lo que la Biblia te da:
- Más esperanza y fortaleza interior.
- Relaciones personales más sólidas.
- Mayor capacidad para adaptarse a las dificultades.
- Bienestar emocional y crecimiento personal.
- Una fe más firme y una vida con propósito.
La Biblia no vino para quitarte lo bueno. Vino para ayudarte a desprenderte de aquello que te hace daño y a encontrar una vida más plena, equilibrada y cercana a Dios.
¿Cómo empezar a leer la Biblia?
La Biblia es mucho más que un cronograma de lectura. En realidad, esta debe volverse un hábito, así como comer y dormir. Jesús dijo que
“no solo de pan vivirá el hombre, sino de la Palabra que sale de la boca Dios” (Mateo 4:4).
Trata la lectura de la Palabra como un diezmo que le entregas a Dios, un diezmo de tu tiempo. “Diezmo” es la primicia: la primera parte de algo. Al despertar por la mañana, agradécele a Dios por la noche de descanso, preséntale tu día y pídele que guíe tu mente cuando leas las Escrituras.
El siguiente paso es abrir la Biblia y leerla, antes de ver las redes sociales o recibir cualquier información en tu cabeza. No midas los versículos, lee despacio, degusta, presta atención a cada palabra. ¿Quién habla? ¿Qué dice? ¿A quién le habla? Esto es un ejercicio. Así empiezas a entender el Espíritu de la Palabra y Dios habla contigo más allá de lo que está escrito.
Cuando leas y Dios hable contigo, detente y busca pensar en lo que te está diciendo. Vuelve a pensar en ello en el transcurso del día, o al día siguiente, para que eso se vuelva parte de ti. Si la Palabra de Dios no se vuelve parte de ti, no vale la pena.
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