Todos desean tener paz, pero pocos la conocen. Algunos consiguen experimentar pequeños momentos de sosiego, pero están lejos de vivir la verdadera paz que solo Dios puede dar: una paz que habita en el interior, que no depende del lugar ni de las circunstancias y que permanece incluso en medio de los conflictos más difíciles.
Fue precisamente sobre esta paz que se habló ayer, domingo, a las 10 de la mañana, durante el Santo Culto. En Madrid, en la sede del Centro de Ayuda Cristiano, el obispo Joaquim ayudó a los presentes a comprender los pasos que deben dar para recibir la paz que proviene del Espíritu Santo.
«No hay paz —dice mi Dios— para los impíos.»
Isaías 57:21
«Con estos versículos se puede entender la realidad de muchas personas, ya que quien no tiene paz es porque no quiere someterse a Dios», explicó el obispo al inicio de su mensaje.
Sin embargo, quien nace de Dios, es decir, quien nace del agua y del Espíritu Santo, encuentra paz en su interior. No se trata de una paz que dependa de que todo vaya bien por fuera.
De hecho, difícilmente podemos esperar que todas las circunstancias externas sean favorables, pues vivimos en un mundo que yace bajo el poder del maligno y, tarde o temprano, enfrentaremos problemas, conflictos e injusticias.
Aun así, quien tiene el Espíritu Santo puede atravesar cualquier situación sin perder su paz interior.
¿Estás dispuesto a pagar el precio?

La paz de Dios no se negocia como hacen los países involucrados en conflictos cuando hablan de una supuesta paz. La paz de Dios se conquista.
No se compra, pero tiene un precio: la propia vida.
La paz de Dios comienza cuando termina la resistencia a Su voluntad.
«Cuando dejo de resistir a la voluntad de Dios, tengo paz», afirmó el obispo durante el Santo Culto en Madrid.
En otras palabras, para alcanzar la paz de Dios es necesario arrepentirse de vivir lejos de Él, humillarse ante Su presencia y bautizarse en las aguas, como símbolo del sepultamiento de la vieja criatura.
Cuando esto sucede, la paz comienza a hacer morada en el interior de la persona.
Un momento de entrega

Finalmente, el obispo hizo una invitación que muchos estaban esperando: acudir al altar para abrazar la voluntad de Dios y entregarse de cuerpo, alma y espíritu en Sus manos.
Para quienes hicieron esta oración, fue un momento de entrega y decisión, confiando en que la paz de Dios puede comenzar a transformar su interior.
«La paz os dejo, mi paz os doy; no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.»
Juan 14:27
¿Quieres experimentar esta paz?
La paz que viene de Dios también puede ser una realidad en tu vida. No depende de que tus problemas desaparezcan, sino de tener al Espíritu Santo dentro de ti.
Si deseas conocer más sobre cómo acercarte a Dios, te invitamos a participar en uno de nuestros próximos Santos Cultos y dar el primer paso hacia una vida transformada.
No tienes que seguir viviendo sin paz. Acércate a Dios y descubre la paz que solo Él puede dar.












