El pasado domingo tuvo lugar un Santo Culto muy especial, en el que se celebró la Santa Cena, un momento espiritualmente profundo que llevó a miles de personas en todas las iglesias del país a acercarse a Dios. También pudieron recibir un mensaje de advertencia aquellos que, a pesar de asistir a una iglesia, todavía no habían nacido de nuevo.
En Madrid, el obispo Joaquim habló sobre los dos tipos de personas que hay en la iglesia: los religiosos y los nacidos de Dios. Para quien no lo sabe, ser religioso no es algo positivo. Prueba de ello es que quienes llevaron a Jesús a la cruz fueron precisamente los religiosos de la época. Conocían la palabra de Dios, pero no conocían a Dios.
“Usted tiene que ser de Dios, no religioso”
El obispo Joaquim enseñó en Atocha que aquellos que no han nacido de Dios, aunque practiquen una religión, no pueden recibir el Espíritu Santo y, por tanto, no pueden entrar el Reino de Dios.
Para ilustrar esto con base en las Escrituras, el obispo se valió del ejemplo de Nicodemo. Él era fariseo, un religioso de la época, que conocía la ley “de pe a pa”. Sin embargo, no conocía personalmente a Dios. Afortunadamente, su carácter sincero y humilde le acercó a Jesús, por lo que tuvo la oportunidad de revertir su situación espiritual. Veamos lo que sucedió:
Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él. Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer? Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
Juan 3: 1-5
Nicodemo es un ejemplo claro de lo que sucede cuando una persona está llena de conocimiento, pero no conoce personalmente a Dios. Por eso el obispo orientó a las personas reunidas en la sede que se sintieron identificadas con la historia de Nicodemo a que siguieran los pasos enseñados por el Señor Jesús:
1º. Nacer del agua: Es decir, matar la propia voluntad a través del bautismo en las aguas, que simboliza la muerte de la vieja criatura.
2º. Nacer del Espíritu: Este nuevo nacimiento se produce cuando la persona deja de vivir para hacer su propia voluntad y empieza a vivir según la voluntad de Dios.
Este nuevo nacimiento es crucial para la salvación y la permanencia en la fe, pues solo quien nace de Dios puede vencer al mundo y todas las luchas que sobrevienen al cristiano, dado que el Espíritu Santo es quien nos provee de una fuerza sobrenatural, no humana, para vencer toda y cualquier circunstancia. Pues como afirmó el obispo: «el nacido de Dios puede ser probado, pero no dominado».














