Hay quienes dicen: “Creo que Dios no me quiere; ya oré, ya hice propósitos, pero no me responde”. Creen que la Palabra de Dios solo funciona para algunos. Sin embargo, Dios no actúa de manera aleatoria. El problema no está en Dios ni en Su Palabra.
Entonces, ¿dónde está el problema?
“Si la Palabra de Dios no funciona en la vida de alguien, es porque existe un bloqueo en su corazón”, aseguró el obispo Joaquim el pasado domingo en Madrid. Un ejemplo claro es el pueblo de Israel, que vivió durante años esclavizado en Egipto. Cuando Dios los liberó para llevarlos a la Tierra Prometida, lo primero que les dio fue Su Palabra: los diez mandamientos. Sin embargo, la mayoría no los practicó de corazón.

“Así como en cada país existen leyes que sus habitantes deben cumplir, Dios también ha establecido Sus normas”, ejemplificaba. Todo aquel que desea ver el cumplimiento de Sus promesas debe someterse a ellas. Es decir, para disfrutar de los derechos con Dios, también es necesario asumir responsabilidades: obedecer Su Palabra.
Cuando el pueblo de Israel llegó a la Tierra Prometida, Josué les dio este último aviso:
“Solamente guardad cuidadosamente el mandamiento y la ley que Moisés, siervo del Señor, os mandó: amar al Señor vuestro Dios, andar en todos Sus caminos, guardar Sus mandamientos, allegarse a Él y servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma”. Josué 22:5
“La Palabra de Dios ha llegado a usted. Si decide guardarla cuidadosamente, dará fruto en su vida. Depende de usted recibirla con humildad y ponerla en práctica. Esto implica entregar el corazón a Dios y disponerse a hacer Su voluntad”, concluyó el obispo Joaquim frente al pueblo reunido en Atocha el pasado domingo.








