La historia de Josmer y su esposa Leannys es un claro ejemplo de que, aun cuando un matrimonio parece perdido, puede ser completamente transformado cuando el Espíritu Santo pasa a formar parte de la relación.
Cuando era soltero, Josmer no creía en Dios y tampoco se regía por principios morales. Y aunque en su interior era profundamente inseguro, aparentaba disfrutar la vida como nadie. “Mi principal problema era que dependía mucho de la aprobación de los demás. Era muy inseguro y quería encajar, y eso me llevó a tener una vida desordenada. Bebía mucho y era adicto a la pornografía”, confiesa.
Cuando conoció a Leannys, empezaron a salir, pero ella no era la única en su vida. “En mi entorno de amistades era normal estar con varias chicas a la vez”, reconoce.
Leannys pensó que, al casarse, él cambiaría, pero no fue así. “A los tres meses ya estábamos hablando de divorcio”, asegura. Había muchas faltas de respeto y problemas de comunicación, pero su apego emocional no le permitió poner fin a la relación. La depresión que arrastraba desde la adolescencia se agravó, y fue entonces cuando entendió que debía tomar la decisión de volver a Dios. Ella conocía la Palabra desde pequeña, pero se había alejado de la iglesia en su juventud.
Josmer la acompañaba a la iglesia, aunque al principio pensaba que todo era mentira. Leannys decidió entregar su relación a Dios y centrarse en su vida espiritual. “Me bauticé en las aguas, pero lo que más me costó fue perdonar a Josmer. Cuando lo hice, recibí el Espíritu Santo. A partir de ahí, todo cambió”, recuerda.
Su marido también experimentó una transformación: “Empecé a escuchar la Palabra de Dios y quise conocer más sobre el Espíritu Santo. Me entregué, me bauticé y lo recibí”.
La depresión, las inseguridades, las infidelidades y las adicciones quedaron atrás, y el amor entre ellos no ha dejado de crecer desde entonces.
Leannys Alessandro y Josmer Hernández


