«Nuestro hijo estaba muerto en vida»

Loli y Luis sufrieron lo indecible por su hijo Rubén, que se estaba precipitando hacia el abismo por culpa de las drogas. Él no aceptaba ningún tipo de ayuda y ellos rozaban la impotencia. Fue la entrega al 100% de sus padres en el Altar a través de la Hoguera Santa lo que consiguió arrancar al joven de aquel mundo. 

Rubén consumía alcohol, marihuana y cocaína habitualmente

“Él era un niño totalmente normal hasta que llegó a los 15 años. Entonces empezó a involucrarse con gente que no debía. Empezó a faltarnos el respeto y a ser grosero con nosotros. Notamos que su comportamiento estaba cambiado, que llegaba colocado a casa y que todo le daba igual”, relata Luis. Ambos sufrían, “Imagínate el dolor de una madre al ver a su hijo así, muerto en vida, que hasta le sangraba la nariz por todo lo que tomaba, y nosotros sin poder hacer nada”, se sincera Loli. 

Rubén reconoce que las drogas le tenían completamente dominado. “Al despertar tenía que fumarme un porro y de camino al trabajo tenía que parar para esnifar cocaína. Me convertí en una persona agresiva, infeliz. Mi peor momento fue cuando intenté tirarme del balcón de mi casa y mi padre lo impidió.”, confiesa. 

Loli y Luis conocieron el Centro de Ayuda Cristiano a través de la radio, donde empezaron a usar las armas de la fe para ayudar su hijo. “Participamos con fe y fuerza en los propósitos de fe de la iglesia, pero lo que realmente trajo la transformación fue nuestra entrega en la Hoguera Santa. Era todo o nada. No fue fácil, pero perseveramos hasta que vimos los cambios, no nos rendimos a pesar del dolor.”, relata el padre.

“Un día Rubén decidió ir a la iglesia. Entendió que no había otra solución. Comenzó a participar y su vida dio un giro de 180 grados. Es otro hombre. Sin adicciones, feliz, casado y con un propósito de vida. Pasó de estar espiritualmente muerto, a tener vida, sueños y proyectos.”, recuerda Loli.

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