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Una tradición inofensiva… ¿o no?
Centro de Ayuda Cristiano · 30 octubre 2026

Conoce sus orígenes, descubre cómo ha evolucionado y decide si quieres celebrarlo.
Una diversión terrorífica
Disfraces, caramelos y niños llamando a las puertas. Para muchos, Halloween no es más que una noche divertida en la que los pequeños pueden disfrazarse, burlarse de lo terrorífico y comer dulces. Una tradición importada que, con el tiempo, se ha convertido en una celebración popular en nuestro país.

Del Samhain al Halloween actual
Para conocer sus orígenes debemos remontarnos a los celtas de Irlanda y Escocia, un pueblo que rendía culto a diversas divinidades. El 31 de octubre celebraban Samhain, una festividad que marcaba el final de la cosecha y estaba vinculada a la muerte y al mundo de los espíritus.
La celebración incluía prácticas de magia y adivinación, así como sacrificios en favor de una supuesta protección, ya que se creía que durante esa noche los espíritus de los muertos regresaban al mundo de los vivos y podían causarles daño. El temor a las consecuencias de no participar contribuía a mantener estas prácticas. De hecho, se cree que el actual «truco o trato» podría tener origen en estas ofrendas.
Con el paso de los años, esta tradición se fue transformando al mezclarse con religiones, la inmigración irlandesa en Estados Unidos y, posteriormente, la industria de Hollywood, dando lugar al Halloween que conocemos hoy y que se ha extendido por Occidente.
«El temor a las consecuencias de no participar contribuía a mantener estas prácticas.»

Parece inofensiva, pero no lo es
Aunque niños y adultos participen en estas actividades con la intención sincera de divertirse y pasar un buen rato, hay una realidad espiritual que no podemos ignorar: el mundo espiritual usa Halloween para hacernos daño.
A través de los disfraces de demonios, brujas y personajes de películas de terror, así como los caramelos malditos y las actividades que se promueven, las tinieblas consiguen que las personas rindan culto a lo oscuro, lo tétrico y la muerte, aunque lo hagan de manera inconsciente, alejándolas así de la luz, de la vida y de Jesús.
El resultado han sido traumas, pesadillas y miedos exacerbados en los más pequeños, además de indigestiones, disgustos y diversas desgracias en distintas partes del mundo que, al contrario de lo que muchos piensan, no son mera coincidencia.

Decidir desde el conocimiento
Nuestro objetivo es desenmascarar esta fiesta para que las personas no sean «destruidas por falta de conocimiento», como dice la Palabra de Dios en Oseas 4:6, que también nos exhorta a no participar en actividades relacionadas con las tinieblas (Efesios 5:7), entre muchas otras referencias que podrían encajar aquí.
Si creemos en una realidad espiritual, debemos reflexionar sobre las tradiciones que aceptamos y preguntarnos si estas nos acercan o nos alejan de la luz y de la vida que Dios ofrece. Por eso, más que participar por costumbre, debemos comprender qué celebramos y elegir conscientemente los valores que queremos abrazar y promover en nuestros hijos.
«No me aportó nada bueno» Oscar, 22 años.
Oscar forma parte de la Frecuencia Joven España (FJE), la asociación juvenial asociada al Centro de Ayuda Cristiano que ayuda a chicos y chicas a vencer sus problemas y a acercarse a Dios por medio de una comunión personal.
Este chico de 22 años colabora, en la medida que su trabajo le permite, en los proyectos de la asociación para brindar apoyo a otros que no encuentran una salida a sus problemas. Él fue uno de ellos, hasta que encontró la ayuda en Dios.

De las tinieblas a la luz
Los comentarios vertidos sobre él por familiares y supuestos amigos tuvieron un efecto muy negativo en su seguridad y autoestima. Una inestabilidad que trataba de paliar refugiándose en varias prácticas que, lejos de ayudarle, terminaron dejándolo aún más nervioso y vacío. «¿Tendrán razón? ¿Podré servir para algo?», pensaba.
«Era muy nervioso, tenía ataques de ansiedad y era adicto a los videojuegos. Y aunque no bebía ni fumaba a menudo, cuando lo hacía me emborrachaba y acababa tirado, dormido en cualquier sitio», reconoce el joven al hablar de un pasado no muy lejano.
A pesar de su corta edad, el espiritismo también formaba parte de su vida. Unos familiares le introdujeron en esta práctica, que él consideraba inofensiva. «Lo hacía con mi familia. Usábamos velas y tabaco para interpretar el futuro, pero la verdad es que esto no me aportó nada bueno», reconoce.

Oscar no se planteaba muchas cosas; simplemente participaba en estas actividades porque los demás también lo hacían. También pensaba que Halloween era una fiesta divertida. Sin embargo, por alguna razón, su vida estaba cada vez más estancada y aprisionada por los vicios.
«Una chica me invitó a la Central Joven y allí conocí la iglesia y la Palabra de Dios. Empecé a asistir a las reuniones y tomé la decisión de bautizarme en las aguas. Me liberé de los vicios y me entregué de lleno al Ayuno de Daniel, por el Espíritu Santo, y lo recibí. Ahora sé que Dios está conmigo y, gracias a eso, soy un chico mucho más seguro y confiado. Ahora no participaría en nada que tenga relación con las tinieblas. Soy feliz y tengo paz con Dios, en la luz».
Oscar Barrera


