5º – La fuerza de Gedeón

La fuerza de Gedeón, obviamente, no estaba del lado de afuera, sino en lo más profundo de su ser. Por saber de la existencia del Dios de Abraham, estaba determinado a rechazar aquella situación impuesta por sus enemigos.

El mayor problema de las personas no está en la situación difícil en la que se encuentran, sino en lo que piensan con respecto a eso. Si alguien está sufriendo a causa de un determinado problema, pero no cree que hay una salida, ¿cómo puede luchar contra él?

Ahora entendemos por qué el Señor Jesús le preguntó al ciego: “¿Qué deseas que haga por ti?” (Marcos 10:51). El Señor sabía muy bien lo que el ciego necesitaba, incluso porque era obvio, ¡pero el Señor quería la confesión de su fe! En otras palabras, tuvo que manifestar su fe para que su problema fuera resuelto. ¡Claro! Si el ciego no hubiera creído que iba a ser curado, jamás habría clamado al Señor Jesús. Para que una persona sea libre de sus problemas, primero debe creer que eso es posible. ¡Esa creencia es su fuerza!

Esa era la fuerza de Gedeón. Una energía interior capaz de llevarlo a la lucha y a la conquista de la victoria. Todo lo que el Ángel le dijo a Gedeón fue solo una palabra: ¡VE! De hecho, fue la misma palabra que el Señor Jesús le dijo al ciego: ¡VE!

El combustible de un motor es gasolina, gas, diésel, oxígeno, alcohol o electricidad; el combustible de la vida es el oxígeno; pero el combustible que lleva a una persona a la victoria es la fe que viene de Dios. Quien quiera conquistar los beneficios de la fe debe oír su voz y actuar.

El hombre o la mujer de Dios deben llenar su “tanque” con este combustible. Pero si no “encienden” el motor, es decir, si no ponen en práctica la fe, no sirve estar lleno de combustible o lleno del Espíritu Santo.

La fe sobrenatural es la energía de Dios dentro de nosotros, pero Él no puede forzarnos a tomar actitudes. Debemos actuar por iniciativa propia.

El Ángel de Dios escogió a Gedeón entre millones de personas porque su “tanque” estaba lleno. No obstante, no estaba consciente de su propio poder. Él no conocía el poder que tenía dentro de sí. ¿Por qué? Porque sus ojos espirituales estaban cerrados.

Mientras les prestaba atención a las informaciones que le eran administradas por sus ojos físicos, solo veía dificultades, miseria, hambre, miedo, humillación, el poder de los enemigos, la debilidad de Israel, etc.

Pero una voz gritó dentro de él: “¡Basta! ¡Esta situación no puede continuar! Mi Dios es el mismo que el de mis padres Abraham, Isaac e Israel. Si Él los libertó en el pasado, ¡nos libertará hoy!”.

En otras palabras, cuando sus ojos físicos llamaron su atención hacia la situación a su alrededor, sus ojos espirituales reclamaron y lo perturbaron internamente… Hubo un conflicto interno. De un lado, la voz de los sentimientos despertada por su visión física; del otro, la voz de la fe estimulada por el conocimiento del Dios Vivo.

Cuando el Ángel apareció, simplemente encendió la llama de su fuerza, diciendo: “¿Qué estás esperando? ¡Ve y salva a Israel! ¿No te estoy enviando? ¡Ve enseguida! ¡Ve ahora! ¡Ve ahora mismo!”.

Usted probablemente ya notó que la fe está íntimamente relacionada con la acción. La fe es acción. Es hacer algo.

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