Alianza con Dios

Para tener una idea de la importancia y profundidad de las alianzas bíblicas, nos basta observar el hecho de que la Biblia está dividida en dos grandes alianzas: la Antigua Alianza, narrada en el Antiguo Testamento, y la Nueva, descrita en el Nuevo Testamento.

La palabra “alianza” aparece 328 veces en la Biblia, y esto sugiere, naturalmente, su gran importancia. La primera vez que la encontramos es en el libro de Génesis, cuando Dios habla a Noé y le anuncia Su propósito de “destruir toda carne”. Todavía, dada la consideración y el amor que sentía por él, exceptúa a Noé y su familia, preservándoles la vida a través de un pacto:

“Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo.” Génesis 6:18

La última vez en la que la Biblia hace referencia a la alianza está justamente en el último libro, el Apocalipsis.

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.” Apocalipsis 11:19

Una alianza, desde el punto de vista bíblico, no trae sólo seguridad y firmeza de fe, sino, sobre todo, la certeza absoluta de que todas las promesas divinas serán cumplidas para con aquellos que aceptan entrar en alianza con el Señor.

Todos los que un día entraron en sociedad con Dios y cumplieron la parte que les cabía en el pacto, fueron personas de éxito extraordinario, al punto de llegar a hacer historia por la importancia, que tuvieron, viviendo y trabajando en perfecta comunión con el Creador.

Ellos transformaron el mundo en sus respectivas épocas por el ejemplo de fe que dieron, porque a través de un pacto con Dios es que la persona pasa a tener una fe activa y productiva, capaz hasta de reclamar sus derechos y así conquistar los beneficios inherentes a la fe cristiana. Es la alianza que garantiza las respuestas de Dios a sus deseos y necesidades.

En la Alianza con Dios, Su relación con el hombre es del cien por ciento, esto es, Dios participa con todo lo que Él es y tiene, exigiendo que la participación del hombre también sea del cien por ciento de su corazón, con todo tu amor y toda tu vida.

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