¿Cómo oír la voz de Dios?

oir la voz de dios

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una Gran Voz como de trompeta.”

(Apocalipsis 1:10)

Un domingo, el apóstol Juan estaba en espíritu. Sus pensamientos viajaban con los pensamientos de Dios. Meditaba en las Palabras de Jesús y en los hechos relacionados a Él. Sus enseñanzas, Sus promesas, Su gloria… De repente, oyó una Gran Voz.

Muchos esperan oír la voz de Dios audiblemente, con los oídos humanos. Por eso, terminan confundiéndose, terminan obedeciendo a los espíritus engañadores o a las voces humanas. Eso no es estar en espíritu. La voz humana se oye con los oídos físicos. La voz Divina es espiritual y se oye con los oídos espirituales. Del Espíritu de Dios al espíritu humano. Pero, ¿cómo estar en estado espiritual para oír la voz de Dios? Cuando el intelecto medita en la Palabra de Dios.

A pesar de ser alta como de trompeta, solamente Juan oyó esa Gran Voz, pues solo era audible para los que estaban en espíritu. Así es con todos los que están es espíritu. Solo estos oyen la voz de Dios. Oyen y obedecen.

 

 

No oigas la voz de los problemas, mantente en espíritu, medita en la Palabra de Dios y oirás Su voz.

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1 comentario en “¿Cómo oír la voz de Dios?”

  1. Hace aproximadamente algo menos de diez años… Oí como un millón (por decir un número exagerado) de trompetas tocando armónicamente… El sonido era abrumador pero agradable. Esto ocurrió en mitad de la noche mientras dormía. Desperté dentro de mi propio sueño pero todo era infinito y blanco. Frente a mi, se encontraba mi amor platónico, sentada en el aire como si no pudiese ver el asiento…, con el semblante triste, lloraba y se entendía… que le habían roto el corazón. Al acercarme a ella para tratar de consolarla y hablar con ella, un círculo de dos a tres metros negro se apareció entre ambos. Cuando vi ese círculo de alguna forma que no comprendo sabía que era Dios, o alguna representación de este, pero con total normalidad y calma… Y de hecho, comencé a conversar con él. Y hubo un intercambio, un dialogo. El sonido era como dije, abrumador. Y el mensaje, fue algo así como… Despierta que no tienes que estar aquí… Y desperté ipso facto incluso… con la extraña sensación de que me habían dado palmaditas en la espalda (como consolándome). A la mañana siguiente llame a esta persona, le advertí sabía que le ocurría algo malo, y ésta, estupefacta, confirmo que efectivamente, le habían hecho mucho daño. Esto reafirmo mis creencias, pero sobre todo, me dio garantías para saber que realmente como he sospechado siempre, Dios SI existe. Olvidaos de las religiones, buscad a Dios en el amor.

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