¿Cómo puede el perdón ocupar el lugar de la ira?

La personalidad humana es fruto del medio en el que vive, o sea, de la sociedad materialista reinante en este mundo, y eso crea en el hombre el sentimiento de autodefensa del tipo “ojo por ojo, diente por diente”.

Dios, conociendo la naturaleza humana, hasta permite que el cristiano se enoje, debido a las circunstancias, sin que esa ira sea pecado, conforme vemos:

“¡Temblad y no pequéis! Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad.” Salmo 4:4

“Airaos, pero no pequéis, no se ponga el sol sobre nuestro enojo, ni deis lugar al diablo” Efesios 4:26-27

Observamos que la ira no es pecado, mientras sea momentánea. Todos los seres humanos están sujetos a ella; los cristianos, por más espirituales que parezcan, son pasibles de esa reacción natural, fruto de sus emociones. Ella no puede, mientras tanto, pasar una noche y continuar al otro día. Si permanece la ira, es como si se abriese un espacio en el corazón para el diablo.

¿Cómo actuar, entonces, ante la ofensa de alguien? Si el lector amigo no puede controlar las emociones de ira, espere que los momentos de tensión nerviosa pasen y entonces, pare y analice cuidadosamente las circunstancias que produjeron esa situación. Intente considerar el motivo del ofensor, colocándose en el lugar de él, y seguramente el Espíritu Santo hará Su parte en sacar aquella ira.

Todo eso es muy difícil de poner en práctica, cuando la persona no está realmente interesada en vivir el cristianismo y pautar su vida en las enseñanzas bíblicas. Cuando desea sinceramente andar en las pisadas del Señor Jesús, entonces nada ni nadie podrá impedírselo.

El perdón no tiene límite.

Siendo un acto de amor, el perdón es ilimitado. El Señor Jesús, respondiendo a Pedro, usó una metáfora para explicar que se debe perdonar tantas veces cuantas fueran necesarias (setenta veces siete – que significa un número sin límites).

El pecado es como una enfermedad que cuantas veces venga sobre nosotros, siempre trataremos de librarnos de ella; de la misma forma son los resentimientos no expulsados del corazón: deben ser extinguidos cada vez que encuentren receptividad.

¿Cuántas veces el Señor Jesús habrá perdonado a Judas? ¿Cuántas veces lo habrá visto robando dinero de la bolsa de ofrendas? ¿Cuántas veces Judas se sentó a Su lado, con el corazón lleno de malas intenciones? Judas, mientras tanto, nunca aceptó el perdón del Señor Jesús y por causa de eso, se autodestruyó. Así también es el perdón de Dios, continuamente extendido a la humanidad: ¡mientras que los hombres no acepten su perdón, quedan confinados a su propia destrucción, por su propio juicio!

El perdón como obediencia cristiana

El perdón es una prueba de fidelidad al Señor:

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; al que quiera ponerte en pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; a cualquier que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.» Mateo 5:39-41

La tendencia natural del ser humano, después de sufrir un mal causado por otro, es intentar inmediatamente vengarse, si es posible, intentando infligir un sufrimiento aún más duro del que ha sufrido.

¿Cuántos vienen sufriendo, o hasta perdieron la vida, tomando actitudes de esa naturaleza? Los discípulos del Señor Jesús, sujetos al Reino de Dios, deben tener otras actitudes, de tal forma que expresen sus características de seguidores del Maestro.

Al sufrir un mal, en lugar de buscar vengarse, deben estar preparados para sufrir otros males, y aún así perdonar. Es claro que un comportamiento de ese tipo no se consigue de la noche a la mañana, debemos todavía luchar con todas nuestras fuerzas, a fin de controlar nuestros impulsos, emociones y desarrollar nuestra espiritualidad, para que lleguemos…

“… a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Así ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error…” Efesios 4:13-14”

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