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¿Cómo puedes encontrar la pieza que te falta?

Generalmente, las personas pasan toda una vida deseando algo o a alguien que llene su vacío interior. Pero cuando consiguen aquello que tanto deseaban, descubren que ya no encaja como esperaban. 

Con el tiempo, se dan cuenta de que nada físico o material puede hacerles sentir completos. Cuando se dan de bruces con esta realidad, muchos se desesperan, caen en depresión o intentan llenar este hueco con mil y una cosas. 

¿Por qué nada parece encajar?

 

En un sentido espiritual, el ser humano es un puzle inacabado. Hasta que no complete todas las partes y todo encaje en su lugar, se sentirá incompleto. 

Es decir, no es una relación amorosa, una exitosa carrera universitaria o tener mucho dinero lo que lleva a una persona sentirse completa. Aunque estas cosas sean buenas y aporten un grado de realización personal, esta alegría no dura para siempre ni calma el dolor del alma.

En realidad, la única pieza del puzle que puede encajar a la perfección en cualquiera de nosotros y hacernos sentir completos, es el Espíritu Santo.

Como está escrito: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él” (Juan 7:37-39).

¿Qué hacer?

 

Debes aceptar, primeramente, que necesitas el Espíritu Santo. Si dices “no” a Dios, lo que estás diciendo en realidad es: «no quiero que seas Tú la pieza que me falta» e inevitablemente continuarás buscando “sustitutos” que solo te llenarán durante un tiempo. En cambio, si dices ‘sí’ a Dios y a Su Espíritu, podrás completar el puzle de tu interior de una vez por todas y nunca más te sentirás incompleto.

Si comprendes que la pieza que te ha faltado es el Espíritu Santo, en el Centro de Ayuda Cristiano tienes un espacio donde escuchar la Palabra de Dios y buscar este encuentro personal con Él con total libertad.

“Intentaba llenar mi vacío interior con parejas y fiestas”

 

A pesar de sus veintipocos, María Fernanda ha vivido y sufrido mucho. Lo suficiente para saber que la solución al vacío interior no está en una vida de excesos. Y aunque no se siente orgullosa de todas las decisiones tomadas, sabe que su historia ayudará a muchos a entender que solo hay UNA COSA que puede llenar ese indescriptible vacío que ahoga el alma de muchos: el Espíritu Santo. 

“Empecé a salir a los 11 años y a los 13 años me fugué con quien sería el padre de mi primer hijo. Me maltrataba física y mentalmente, pero por haber crecido en ese ambiente pensé que era lo normal. Mi madre desaprobaba la relación y finalmente lo dejamos, pero siempre busqué la felicidad en parejas. Tuve otros tres hijos de otras dos relaciones que no funcionaron”, confiesa.

El anhelo por sentir paz y felicidad llevaron a esta joven a transitar por el peligroso mundo de las drogas. “Llegué a consumir setas, cristal, marihuana y hachís. Me pasaba el día trabajando y toda la noche de fiesta. Al día siguiente era todo lo mismo, pero pensaba que era lo que necesitaba. No cuidaba a mis hijos. Prefería pagar a una niñera para que los cuidara, hasta que toqué fondo”, recuerda dolorosamente. “No me veía capacitada para cuidar a mis hijos y quería entregarlos a los servicios sociales.”

La joven, que empezó a asumir su propia realidad, aceptó la invitación de su madre para acompañarla al Centro de Ayuda Cristiano en Barcelona. Allí, muy lejos de sentirse juzgada, le tendieron una mano y dio oídos a la Palabra de Dios. “Aquella palabra fue entrando en mí, hasta que entendí que merecía ser perdonada y feliz”, recuerda la joven madre.

Una serie de decisiones fueron claves en su transformación de dentro hacia fuera. “Decidí dejar los vicios, las malas amistades y las mentiras. Dejé el pasado y me bauticé en las aguas. Fui sincera y Dios fue obrando en mí. Cuando entendí de qué trataba la Hoguera Santa, decidí entregarme por completo para recibir el Espíritu Santo. Empecé a sentir sed la presencia de Dios y la buscaba día y noche, hasta que un día, en mi habitación, Dios me bautizó con Su Espíritu. El vacío interior desapareció, la paz que ahora tengo es inmensa y el cambio que ha habido en mi familia ha sido total.”

María Fernanda Valencia

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