EL ARREPENTIMIENTO GENERADO POR EL ESPÍRITU SANTO

Los dos temas más importantes de las Sagradas Escrituras son la fe y el arrepentimiento. Estos temas son presentados por Dios en Su Palabra de principio a fin, pues de ellos depende el futuro eterno del ser humano. Sabiendo lo mucho que la humanidad necesita del perdón, Dios fue capaz de dar a Su Hijo Unigénito en extremo sacrificio para conceder a los que creen y se arrepienten, la oportunidad de ser salvos.

Sin embargo, aun con la muerte del Señor Jesús, la Biblia deja bien claro que todas las personas, sin excepción, necesitan pasar por el arrepentimiento genuino de todos sus pecados, como lo afirmó el propio Señor Jesús: “[…] Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3).

Sin creer y sin arrepentirse, nadie toma posesión de la redención que proporciona la sangre derramada en la cruz. Sin arrepentimiento genuino, cualquiera, en el Juicio Final, será considerado culpable. Entonces, no es posible separar la fe del arrepentimiento, pues una acompaña al otro, y ambos son esenciales para la salvación.

Pero, a fin de cuentas, ¿qué es el arrepentimiento?

Ante tantos conceptos bíblicos distorsionados, necesitamos enfatizar que el arrepentimiento no tiene nada que ver con el remordimiento, pues este es solo un sentimiento

de tristeza momentánea por alguna falta cometida. En el remordimiento, no hay actitud con relación al pecado. Es decir, no existe una actitud de rechazo hacia las malas obras ni el sacrificio de abandonarlas. Por eso, quien presenta remordimiento no recibe el perdón de Dios.

Por su parte, el arrepentimiento es actitud, acción y práctica de la fe. El arrepentido se dispone firmemente a cambiar, un deseo que nace en lo más íntimo de su ser, sin temer las consecuencias que la confesión de sus pecados acarreará.

Por eso, la señal más significativa en el arrepentido es la decisión espontánea de sacrificar la propia voluntad para agradar a Dios aunque esto implique pérdidas, como la reputación, una ganancia ilícita, una relación incorrecta o un hábito practicado durante mucho tiempo. El arrepentimiento siempre implica un cambio de dirección, de enfoque y de perspectiva; por eso, quien se arrepiente de verdad asume el compromiso de andar correctamente, ¡cueste lo que cueste!

Por otro lado, quien siente remordimiento pondera y evalúa mucho lo que los otros van a pensar de él. Además, esa persona se justifica porque actuó así o asá. También quiere

compartir su culpa con terceros y hace de todo para huir del sacrificio que el arrepentimiento exige. No obstante, ¡quien desprecia los sacrificios de la fe y del arrepentimiento, jamás alcanzará misericordia y perdón! Así como no hay arrepentimiento sin el abandono del pecado, tampoco hay salvación sin el sacrificio de negarse a uno mismo.

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