EL ESPÍRITU SANTO NOS DA EL ADN DE DIOS

El concepto de nacer de Dios puede parecer medio confuso para muchos, así como lo fue para el maestro de la Ley Nicodemo cuando conversó con el Señor Jesús. Pero eso muestra que aquellos que no entienden las cosas espirituales no poseen lo que es fundamental para la salvación: el nuevo nacimiento. Fundamental porque, sin recibir esa nueva naturaleza, el ser humano no será aceptado en el Cielo. El Reino del Altísimo es de carácter espiritual; por lo tanto, incompatible con la naturaleza carnal y caída. Solo las nuevas criaturas entrarán por los portones de la vida eterna.

Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo Le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer? Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.

Juan 3:3-5, (subrayado por el autor)

Si la falta de una regeneración espiritual le quita al incrédulo el privilegio de la eternidad con Dios, quien nace de nuevo recibe, además del pasaporte para la vida eterna, la capacidad de usar su vida y sus talentos en este mundo para glorificar a su SEÑOR. El nacido de nuevo conoce la razón de su existencia, que es honrar a Dios, sirviéndolo con sus dones. Sus sentidos cambian de acuerdo con su nueva naturaleza. O sea, pasa a tener nuevos y buenos ojos para ver correctamente y sin juzgar; nuevos oídos para oír con discernimiento; un nuevo y justo hablar, para decir palabras de fe y no de murmuración; y una nueva mente con entendimiento y percepción totalmente espirituales.

¿Consigues entender la importancia de esto? Si observamos a fondo, veremos que el mundo está dividido entre los que nacieron de Dios y los que aún no nacieron de Él. Y es así como el Todopoderoso divide a los seres humanos: entre los que tienen Su naturaleza y los que no la tienen.

Desde el punto de vista práctico, la vida de quien fue regenerado emana el bien. Su comportamiento es irreprensible. Sus relaciones son saludables. Su apariencia se vuelve un referente. No vive de altos y bajos en la fe. Además, cuando comete un error, su conciencia, sensible a la voz del Espíritu, rápidamente lo reprende. En resumen, cuando una persona nacida de Dios peca, inmediatamente se arrepiente. Por lo tanto, sus frutos son verdaderos.

Lamentablemente, muchos pasan años dentro de las iglesias inmersos en la religiosidad. Participan de la Santa Cena, dan sus ofrendas, devuelven el diezmo, obedecen las reglas y doctrinas de sus congregaciones, pero continúan perdidos y vacíos espiritualmente, así como Nicodemo. Camuflan su naturaleza pecaminosa hasta que surge una situación en la que su condición espiritual es revelada. Sin contar los otros innumerables casos de personas que aún creen en la mentira que el diablo inventó, de que todos son hijos de Dios. Esa mentira solo puede estar escrita en el primer versículo del primer capítulo de las “escrituras satánicas”; tamaña es la cantidad de gente engañada con esta teoría por varias generaciones.

Dios solo es Padre de aquel que es generado por el Espíritu Santo y que ha recibido el ADN divino.

Ante todo lo que fue expuesto hasta ahora, ¿tienes la certeza de que has nacido de lo Alto, de que posees la naturaleza de Dios? Si existe una duda, por menor que sea, te invito a examinar mejor tu vida y tus frutos. Para eso, necesitas ser humilde para reconocer y tomar la iniciativa de buscar el perdón de Dios y el nuevo nacimiento.

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