El Grito de Dios

“Y sabréis que Yo soy el SEÑOR, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo Mío. Y pondré Mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que Yo, el SEÑOR, hablé, y lo hice, dice el SEÑOR.” (Ezequiel 37:13-14)

Quien vive apartado de Dios está muerto y no lo sabe. Espiritualmente muerto y enterrado. No importa la fe o religión profesada, si la persona es esclava del pecado, ya está muerta. Eso explica la infelicidad humana. Explica la situación de la humanidad. El espíritu del pecado la mantiene rehén de su ceguera, orgullo y vanidad.

“Como a rebaños que son conducidos al Seol, la muerte los pastoreará, y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada” (Salmos 49:14). Pero, el Grito del Eterno continúa haciendo eco por los cuatro rincones de la Tierra: “Y sabréis que Yo soy el SEÑOR, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo Mío” (Ezequiel 37:13).

Él abre la sepultura de los que oyen y atienden a Su Voz, Su Orden, Su Palabra… Él da la victoria, Su espíritu, y establece a Su pueblo en la tierra de la promesa. Él dice y hace. La Palabra que sale de Su boca, ciertamente se cumplirá.

Y entonces sabrán que Él es el SEÑOR.

Dios promete dar vida a todo aquel que oye y atiende a Su Palabra.

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