El «sueño español» entre los inmigrantes oscurece en la Pza. Elíptica de Madrid

Más de un centenar de personas -300 con buen tiempo- se agolpan en la Plaza Elíptica de Madrid desde el amanecer intentando que algún vehículo se detenga y les dé trabajo en negro durante algunas horas.

Este drama, que se viene repitiendo aquí desde hace más de una década, se ha agravado durante la pandemia, porque el trabajo escasea y los precios también han descendido. Ahora, a un oficial capacitado no se le paga más de 60 euros por unas diez horas de trabajo en el día, y la mitad si es alguien sin experiencia.

Los trabajos suelen ser de albañilería, pintura, mudanzas, carpintería, poner moqueta, montar muebles, cortar árboles… Cada día, a partir de las 6 de la madrugada, se van concentrando en esta rotonda muchos inmigrantes sin papeles para intentar conseguir algo de dinero.

Alertado por la grave situación de estos inmigrantes, el Centro de Ayuda Cristiano acude desde octubre de 2019 a esta Plaza Elíptica para ofrecerles gratuitamente el desayuno. Algunos jornaleros recorren muchos kilómetros para llegar hasta aquí. Judith, peruana, les lleva papas rellenas con carne y queso, que vende a 3 euros. A algunos les fía porque no tienen para pagarle, y le abonan las papas al final de la semana. Ella intenta sortear a la policía municipal, que ya le ha multado en dos ocasiones con 600 euros por venta ilegal ambulante.

La realidad en esta Plaza Elíptica de Madrid es todavía mucho más sórdida. El año pasado un joven fue asesinado en un callejón aledaño sin que se hayan esclarecido las causas, aunque los asiduos afirman que sólo hay dos posibles razones: una reyerta por droga o un ajuste de cuentas por haber empujado con malos modos a alguien en la carrera hacia los vehículos. Todos dicen que se evitan las peleas, pero los vecinos confirman que son habituales.

Con el covid-19 la incertidumbre no sólo por trabajar, sino por cobrar, ha aumentado. Ahora, además de que aparecen menos furgonetas, es habitual que el precio que se pacta en la calle luego se recorte durante el trayecto. Y también se están repitiendo escenas en que el conductor asegura que al día siguiente regresa y que entonces paga, pero en realidad no vuelve.

En esta competición matutina por un trabajo sin contrato ni seguro participan sobre todo inmigrantes latinos, y en menor medida portugueses, rumanos, magrebíes y africanos. También hay españoles. Todos llevan una mochila con la ropa de faena, un bocadillo y un refresco.

La policía municipal en estos tiempos de pandemia les dispersa para evitar que hagan corrillos. A veces recriminan a los conductores, pero éstos ya no se detienen al ver los vehículos policiales.

Marisol F., paraguaya y nacionalizada española, es vecina de la Plaza Elíptica desde hace seis años. Intenta evitar los corrillos por miedo. “Aquí los vecinos nos hemos acostumbrado a las sirenas de la policía y de las ambulancias. En general, los obreros son buena gente, pero en algunas callejas colindantes no hay higiene; y hay que estar muy atento al cruzar las calles de la glorieta porque los coches paran donde pueden para subir a la gente al azar y luego salen disparados a toda velocidad”.

Ella misma recuerda que llegó a España engañada pensando que venía a trabajar a un hotel, cuando en realidad era un prostíbulo en Cartagena. Por eso entiende a estos inmigrantes desesperados por subir a las furgonetas sin saber adónde irán ni qué harán ni cuánto finalmente cobrarán. Para Marisol, el sueño español se fue desvaneciendo nada más aterrizar. Afortunadamente, con el asesoramiento del Centro de Ayuda Cristiano, pudo abrirse camino poco a poco.

Alan C., también peruano, llegó a España hace menos de tres años. En su país había estudiado Administración de Empresas especializado en Logística. Al principio, tuvo que ir a la Plaza Elíptica haciendo de todo. Venía cada día desde Illescas (Toledo). “Vine a España para cambiar de vida, no por necesidad. Me sentía vacío y quería cambiar de entorno. Aquí he aprendido varios oficios y ahora incluso soy yo quien va a la glorieta a contratar a compatriotas para trabajos de pintura”. Su sueño es ser empresario.

Alan afirma que “algunos contratistas son unos buitres y se aprovechan de la precariedad actual, porque muchos inmigrantes tienen que buscar trabajo aquí para poder pagar su habitación. La mayoría -dice- van a comedores sociales y algunos viven en pisos con siete personas”.

Para el pastor Alberto Díaz, portavoz en España del Centro de Ayuda Cristiano, «la realidad de los hombres que vienen aquí en muy complicada, porque si no consiguen un trabajo digno y estable, pueden verse obligados a actividades delictivas y otros a vender en la calle objetos, ropa y calzado que encuentran, todo para conseguir algo de dinero. No podemos negar que estamos ante un problema social de gran envergadura”.

Esta Plaza Elíptica ve cómo cambia su fisonomía con el paso del tiempo. Cuando aún era sólo un terreno, pertenecía al municipio de Carabanchel y no fue hasta el año 1948 cuando se anexionó a Madrid. Allí paraba el ferrocarril que iba desde la capital hasta San Martín de Valdeiglesias. La Plaza fue creada en la década de 1950. En 1982 llegó el metro y en 2007 se inauguró el intercambiador de autobuses. Su imagen actual es el nuevo testimonio de la cruda crisis agudizada por la pandemia. Un sueño español que muchos inmigrantes ven todavía muy lejos de cumplirse.

 

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1 comentario en “El «sueño español» entre los inmigrantes oscurece en la Pza. Elíptica de Madrid”

  1. Roberto Sáenz Pérez

    Desde México envío saludos cordiales ,
    Es una gran situación terrible Dios bendiga ese país pues tienen al obispo clamando por ustedes un gran siervo de Dios

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