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La toxicidad en la sociedad

COMPORTAMIENTOS TÓXICOS

 
¿Consigues identificarlos?
 
Las personas tóxicas son aquellas que están en nuestro entorno cuyo comportamiento nos altera emocionalmente, nos estresa, deprime y mina nuestra autoestima. Las podemos encontrar en nuestra familia, en el trabajo, en nuestro círculo social y en nuestras relaciones sentimentales. 

El comportamiento de las personas tóxicas se debe normalmente a una carencia interior. Generalmente son personas que no han madurado emocionalmente. Pueden ser inseguras, egoístas y poco independientes, por ello tienden a relacionarse de forma absorbente, agotando, estresando y/o deprimiendo a la gente que tienen a su alrededor.

¿Y si soy yo la persona tóxica?
 

Hasta aquí es fácil identificar las señales de las personas tóxicas, pero a veces no conseguimos ver esos patrones en nosotros mismos. Si quieres saber si tienes conductas tóxicas, autoevalúate con las siguientes afirmaciones:

– “Solo hablo con las personas cuando me interesa”

– “Aunque sea el responsable de algo, culpo a los demás”

– “Utilizo los puntos débiles de los demás para usarlos en una discusión”

– “Me gusta criticar a las personas y señalar los defectos de los demás”

– “No me alegro por los éxitos de los que me rodean”

– “Me gusta ser el centro de atención”

¡Buenas noticias! Se puede dejar de ser tóxico

No podemos cambiar a nadie, pero sí podemos cambiarnos a nosotros mismos. Por eso, si has identificado en ti uno o varios comportamientos tóxicos puedes cambiar esforzándote por desarrollar la empatía poniéndote en el lugar de los demás, escuchando a los que te rodean en lugar de hablar siempre de ti mismo, asumir la culpa cuando la tengas y tratando de ser más asertivo en las conversaciones con los demás.

Pero a veces se necesita ayuda espiritual para quitar del interior los traumas y las raíces que generan esos comportamientos. Si necesitas ayuda, no dudes en acudir a tu Centro de Ayuda Cristiano más cercano.

A continuación, puedes identificar algunos de los comportamientos característicos de personas tóxicas:
 

  Pueden carecer de metas vitales

  Hacen sentir mal a los demás

 Egocéntricas, todo gira alrededor de ellas

 Se quejan por todo, son victimistas y siempre ven el lado negativo

 Envidian, no se alegran por el éxito ajeno

  Pueden ser narcisistas, creen que todo lo que hacen está bien

 Son orgullosas y no soportan que las contradigan

 Descalifican y menosprecian a los demás

 No se responsabilizan de sus propios actos

 Son manipuladoras y engañan para lograr sus objetivos

“Éramos tóxicos el uno para el otro, pero ahora somos muy felices”

 

Para Jair, cirujano de profesión, y su mujer Liliana, médico de urgencias, la vida en común era insoportable. Los dos cargaban una mochila que hacía que su relación fuera totalmente tóxica. A pesar del amplísimo currículum de ambos, no conseguían sentirse llenos. 

“Cuando Liliana y yo estábamos a punto de casarnos, ella se enamoró de otro hombre y me dejó. No supe cómo reaccionar, el dolor era inmenso. No podía dormir de la desesperación y a pesar de mi profesión me refugiaba en el alcohol y en otros hábitos. En aquel momento tan bajo supe que solo Dios podía ayudarme. En el Centro de Ayuda Cristiano me liberé de la depresión, de los miedos, y abandoné de manera natural el alcohol y la pornografía. Un tiempo después, Liliana y yo retomamos la relación y nos casamos, pero en casa éramos como el perro y el gato”, relata Jair.

Liliana tenía graves problemas con el alcohol. “Me emborrachaba todos los fines de semana porque en el fondo me sentía sola, triste y acomplejada. Estaba casada, me había graduado, pero no era feliz”, recuerda Liliana.

CAMBIO INTERIOR

Sin embargo, Jair tomó una actitud que cambiaría la historia de su vida y que llamaría la atención de su mujer. “Me di cuenta de que había recibido muchas bendiciones materiales, pero no éramos felices. Por dentro seguía siendo el mismo hombre, con un carácter demasiado fuerte y con una mochila interior muy pesada. Entendí que para cambiar por dentro necesitaba recibir el Espíritu Santo y me esforcé por darme más y más a Dios a cada día, hasta que tuve un encuentro con Él. En aquel momento todo cambió, tanto interiormente como exteriormente”, relata el cirujano.

Liliana, que observó en Jair un cambio radical en su carácter, quiso tener la misma paz y alegría que él, pues estaba cansada de irritarlo y de hacerle daño con sus actitudes. Semanas después ella logró abandonar el alcohol y el tabaco y decidió entregarse a Dios.

“Nuestro encuentro con Dios solucionó nuestro matrimonio. Nuestra casa es un pedazo del cielo. Ambos trabajamos en el mismo hospital, pero nos encanta pasar tiempo juntos. Tenemos paz, formamos un matrimonio muy feliz y nuestros hijos también lo son”, asegura Jair. “Hay cosas que vencemos con nuestro propio esfuerzo, pero para vencer interiormente necesitamos a Dios. Lo más bonito que nos ha pasado en la vida ha sido tener este encuentro con Dios. Esta es nuestra mayor riqueza”, concluye la doctora.

Jair y Liliana Santos

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