Rostro de piedra

“Porque Dios, el SEÑOR, me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.” (Isaías 50:17)

El cristiano de verdad ofrece la otra mejilla, pero hace de su rostro una piedra. No es débil. No se entrega al miedo. Quien anda en obediencia a la Palabra de Dios sabe que está amparado por el Espíritu de la Palabra. Endurece su rostro, se mantiene firme. Firme, pues sabe que no será avergonzado. No permite que si corazón sienta vergüenza, pues todo lo que hace, lo hace por la fe.

El valiente que enfrenta la tempestad; que camina sobre el mar cuando oye el llamado; el valiente que no huye de los leones; el valiente que no evita el horno; el valiente que, armado con una piedra, va a enfrentar al soldado gigante el valiente con coraje para salir del desierto; el valiente con coraje para darle una orden al sol; el valiente con coraje para enfrentar a reyes; el valiente con coraje para dar una orden a un árbol.

Sabes que no serás avergonzado, porque andas por la fe. Vives por la fe. Te mueves por fe. Tu fe es el aire que respiras. Es el oxígeno que te mantiene vivo. Tu fe no mira a las circunstancias, no cuentas con la sabiduría humana y no permites que tu corazón siente vergüenza. Decide no alimentar los sentimientos que te deprimen. Reacciona con la cara de piedra de la fe. Porque sabes que no serás avergonzado.

No sentirás vergüenza porque sabes Quién te ha ayudado. Quien te hiera, sufrirá las consecuencias de herir a una piedra, aunque no lo sienta en el momento. Si el valiente que vive por la fe se mantiene firme y hace lo que es correcto, le duela a quien le duela, jamás serás desamparado.

El valiente es firme, endure su rostro y no tiene miedo de ser avergonzado por hacer lo que es correcto.

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