Santo Culto: ¿De tal palo, tal astilla?

El rey Acaz y el rey Ezequías eran padre e hijo, pero a pesar de su parentesco, sus vidas fueron totalmente opuestas. Acaz fue destruido, pero Ezequías, su hijo, tuvo muchos éxitos. Esta enorme diferencia no fue casual, sino que fue el resultado de las actitudes que cada uno de ellos decidió tomar. Acaz decidió pactar con dioses ajenos, mientras que Ezequías decidió hacer un Pacto con el Señor. El obispo Paulo Roberto realizó un breve análisis de la trayectoria de estos dos reyes para enseñar a las personas que sus vidas dependen única y exclusivamente de sus decisiones de fe.

Dice la Biblia que el rey Acaz no hizo lo recto ante los ojos del Señor. A pesar de conocer la Palabra de Dios, él decidió hacer todo al revés. Literalmente. Adoró y ofrendó a dioses extraños, hizo imágenes fundidas a los baales, quemó incienso en el valle de los hijos de Hinom e hizo pasar a sus hijos por el fuego. Por si esto fuera poco, impidió que el pueblo buscase a Dios apagando las lámparas y cerrando las puertas del templo. Estas actitudes de rebeldía en contra del Creador, trajeron su propia ruina. Los enemigos lo derrotaron y su reinado fue un fracaso.

Tras su muerte, le sucedió su hijo Ezequías. Él, en cambio, no siguió los pasos de su padre. Su madre Abías era una mujer de Dios y le transmitía valores espirituales. Ezequías pudo haber seguido el ejemplo de su padre, pero decidió hacer caso a la Palabra de Dios.

“Comenzó a reinar Ezequías siendo de veinticinco años, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Abías, hija de Zacarías. E hizo lo recto ante los ojos del Señor, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre”

(2 Crónicas 29:1-2)

El obispo abrió un paréntesis en este punto para explicar la importancia de que los padres enseñen a sus hijos la Palabra de Dios. “Los padres deben enseñar a sus hijos el camino de Dios desde pequeños para que puedan tomar actitudes de fe, porque vivimos en un mundo al revés, corrompido y sin valores. Y la tendencia es que vaya a peor. Usted tiene que luchar por ellos para aprendan a buscar a Dios”, exhortó.

Ezequías heredó un reino en ruinas y un pueblo destruido por los enemigos, pero sabía que el motivo detrás de tanto sufrimiento era el pecado, porque el pueblo, que se había corrompido con su padre Acaz, estaba lejos de Dios. Ezequías, entonces, se puso manos a la obra. No tenía tiempo que perder. Lo primero que hizo fue abrir las puertas del templo, reestablecer el culto al Señor y llevar a su pueblo a priorizar su vida espiritual. “Él priorizó su vida espiritual, no buscó hacer alianzas políticas. Él entendió donde estaba la raíz del problema y empezó a tomar actitudes de fe. Puso a Dios en primer lugar e incentivó que el pueblo buscase reconciliarse con Dios”, como está escrito: “Oídme, santificaos ahora y santificad la casa del Señor, el Dios de vuestros padres, y sacad del santuario la inmundicia”.

Ezequías entendió que el motivo detrás de tanto sufrimiento era la insistencia por parte del pueblo en vivir lejos de Dios, y esta es la misma situación que estamos viviendo hoy en día. “¿Por qué tanta pandemia, tanta miseria y tanta violencia y falta de amor en el mundo? Por causa del pecado, porque la gente le volvió la espalda a Dios”, aclaraba el obispo, que trató de hacer entender a todas las personas que, para cambiar de vida, no solo tenían que venir a la iglesia, sino entregar sus vidas y poner a Dios en primer lugar.

“Muchas personas dicen creer en Dios e incluso acuden a alguna iglesia, pero con sus actitudes demuestran que solo están interesadas en las bendiciones físicas, no en buscar la presencia de Dios, el Espíritu Santo. No hacen un pacto con Dios y no asumen el compromiso de practicar la Palabra de Dios. Usted necesita entender que necesita tener un compromiso con Dios”, aseveraba el obispo.

Ezequías dijo: “Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con el Señor el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira” (Crónicas 29:10). Como resultado, el sufrimiento del pueblo cesó, y empezó a haber abundancia y paz en el reino porque se volvieron a Dios y empezaron a honrarlo con sus vidas y con sus ofrendas. Esto es un ejemplo de lo que pasa en la vida de la persona que decide hacer pacto con Dios y no separarse nunca de Él.

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