Santo Culto: La locura de no cuidar la propia alma

Un día la muerte llegará para todos. Es ley de vida. La Biblia dice que, tras el fallecimiento, el cuerpo vuelve al polvo y que el alma es llevada a uno de los dos únicos destinos posibles, el reino de los cielos o el infierno. Esta es una decisión que cada persona debe tomar en vida y cuanto antes, pues nadie sabe el día ni la hora de su muerte. El obispo Paulo Roberto alertó acerca de la importancia de buscar la salvación del alma por encima de todas las cosas.

“Nosotros somos almas eternas dentro de cuerpos mortales. Aunque nuestros ojos solo pueden ver lo físico, lo más importante es nuestra alma, que nunca muere. La mayoría de las personas se preocupan solo por lo material, y aunque es importante luchar por tener una vida de calidad, la mayor riqueza del ser humano es su propia alma”, enseñaba.

Cuando el Señor Jesús vino al mundo curó a los enfermos, liberó a los oprimidos, bendijo y prosperó a muchas personas, pero Su principal objetivo al morir en la cruz era conquistar la salvación de nuestra alma. Por eso, debemos entender que nuestra alma es nuestra posesión más valiosa y que debemos luchar por salvarla a través de una verdadera entrega al Señor Jesús. No hay otro camino.

Lamentablemente, muchas personas priorizan sus deseos y vanidades y se olvidan de su propia alma. El Señor Jesús, a través de la Biblia, nos exhorta a poner nuestras prioridades en orden, para que no nos pase lo mismo que al señor del siguiente relato:

“La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate” (Lucas 12:20).

Este hombre había prosperado tanto que no sabía dónde guardaría sus frutos. Él pensó que ya había logrado lo más importante y que su futuro estaba asegurado. Sin embargo, lo que aquel hombre no sabía era que aquella noche perdería la vida y que, a pesar de la aparente riqueza conquistada, su alma se perdería por toda la eternidad.

Dios entonces, le dijo: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:21).

“Este hombre no se imaginaba que iba a morir de repente y no estaba preparado para aquel momento. Él era necio o loco porque solo dedicó su vida a crecer en lo material. Y repito, no es pecado que usted quiera prosperar, de hecho, Dios quiere bendecirle en todas las cosas. Pero la salvación de nuestra alma debe estar en primer lugar porque es algo que decidimos aquí en este mundo. Después de la muerte será demasiado tarde. Además, no existe el purgatorio ni la reencarnación, pues la Biblia dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27), por eso usted debe leer la Biblia, para que nadie le engañe”, explicaba el obispo.

Cuide su salvación, no sea loco. La vida en este mundo es corta, pero la eternidad no tiene fin. Jesús está de brazos abiertos para recibir su vida sin importar los errores que haya cometido. Dios le quiere salvarle y darle todo lo que necesita, pero para eso Él debe ser el primero en su vida. Pues, “¿de qué sirve al hombre ganar todo el mundo y perder su propia alma?” (Lucas 9:25).

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